-¡Ey Guëvón! Mirá,- esas fueron las primeras palabras de Manuel mi amigo, cuando en la represa ubicada en el oriente antioqueño, vimos un resplandor en el fondo del agua, pese a que estábamos a punto de zarpar, pues el verano había bajado el nivel del agua, no podíamos alcanzar el objeto que brillaba en el fondo, – parce, mínimo es una moneda de cincuenta,- dijo Camilo otro amigo que nos acompañaba en la balsa-, – ¿y si es un anillo?- dije tímidamente, -pues güevon entonces te tirás y lo cogés- anunció desafiantemente Manuel, después de mucho discutir y jugar un par de veces piedra, papel o tijeras, para ver quien se sacrificaba con tal mojada, le dije a Manuel –Negro tírese y lo que sea es suyo- este accedió frente tal propuesta a la cual Camilo no mostró ninguna oposición, y definitivamente Manuel se llevó todo el botín, cuando después de mojarse hasta la cintura, sacó una tapa de bloqueador o algo por el estilo, y le dije – parce yo le dije que eso es suyo-.
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mar
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